Separación y terapia familiar: cómo proteger a los hijos cuando la pareja se rompe
- Mara
- 7 may
- 3 Min. de lectura
Una separación es siempre un proceso difícil. Incluso cuando es la decisión correcta, incluso cuando hay alivio mezclado con el dolor, implica un duelo, una reorganización de la vida entera y una cantidad de gestiones emocionales y prácticas que pocas veces se anticipan del todo. Contáctanos sin compromiso.
Cuando hay hijos de por medio, la complejidad se multiplica. De repente hay que gestionar el propio dolor y al mismo tiempo estar presentes para ellos. Hay que mantener una relación funcional con alguien con quien quizás en este momento es muy difícil hablar. Hay que tomar decisiones que les afectan profundamente sin saber siempre cuál es la opción menos dañina.
Lo que los hijos necesitan cuando sus padres se separan
Los niños y adolescentes cuyos padres se separan no necesitan que la separación no haya ocurrido. Necesitan sentir que siguen teniendo una familia, aunque sea diferente. Necesitan ver que sus padres pueden comunicarse con un mínimo de respeto. Necesitan saber que nadie les va a pedir que tomen partido, que el amor que reciben no depende de con quién estén ese fin de semana y que lo que está pasando no es culpa suya.
Esto es mucho más fácil de decir que de hacer cuando uno está en medio del dolor de una separación. Ahí es donde la terapia familiar puede marcar una diferencia enorme.
Para qué sirve la terapia familiar en una separación
Conviene aclarar algo desde el principio: la terapia familiar durante una separación no está orientada a reconciliar a la pareja. Si eso ocurre, bien, pero no es el objetivo. El objetivo es ayudar a que la familia encuentre una nueva forma de funcionar, aunque su estructura haya cambiado.
Esto incluye trabajar la comunicación entre los adultos en lo que respecta a la crianza, encontrar acuerdos sobre cómo manejar las situaciones que afectan a los hijos, ayudar a los niños y adolescentes a procesar lo que están viviendo y dar a cada miembro de la familia herramientas para atravesar el proceso con el menor daño posible.
Muchas parejas que no pueden hablar entre sí sobre temas cotidianos sí pueden, con la ayuda de un terapeuta, hablar sobre sus hijos. El terapeuta actúa como facilitador, no como árbitro, y ayuda a que la comunicación se centre en lo que realmente importa: el bienestar de los hijos.
Cuándo acudir
No hace falta esperar a que la situación sea insostenible. De hecho, cuanto antes se busca apoyo, más fácil es el proceso. Si estáis en plena separación, la terapia familiar puede ser un ancla de estabilidad en un momento de mucha turbulencia. Si la separación ya ocurrió hace tiempo pero la familia todavía no ha encontrado su nuevo equilibrio, también es un buen momento.
También es útil cuando los hijos empiezan a mostrar señales de que algo no va bien: cambios en el comportamiento, problemas en el colegio, tristeza o ansiedad persistente, dificultades para adaptarse a los cambios de casa.
Las nuevas estructuras familiares también merecen apoyo
Cada vez son más las familias en Barcelona que acuden a terapia no en el momento de la separación, sino después, cuando se incorporan nuevas parejas, nuevos hermanastros, nuevas dinámicas. Estas nuevas configuraciones familiares tienen sus propios desafíos, y también sus propias posibilidades. Un buen proceso terapéutico puede ayudar a construir vínculos sanos en estas nuevas estructuras, con respeto por los tiempos de cada persona.
La familia, al fin y al cabo, no es una forma. Es una red de vínculos. Y esos vínculos se pueden cuidar en cualquier momento y en cualquier configuración.


