Autoestima baja: cómo reconocerla, de dónde viene y cómo la psicología puede ayudar
- Mara
- 9 feb
- 3 Min. de lectura
⚠ Este artículo tiene carácter informativo y divulgativo. No sustituye el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional de la salud mental. Si estás pasando por un momento difícil, te animamos a consultar con un psicólogo o psicóloga.
La autoestima es una de esas palabras que todo el mundo usa pero que no siempre se entiende con precisión. No es simplemente «quererse» o «estar seguro de uno mismo». Es la valoración que hacemos de nosotros mismos, la forma en que nos relacionamos con nuestras capacidades, nuestros errores, nuestras necesidades y nuestro lugar en el mundo.
Cuando esa valoración es sistemáticamente negativa, cuando la voz interior es más crítica que cualquier persona externa, cuando el miedo al juicio de los demás gobierna las decisiones importantes de la vida, hablamos de baja autoestima. Y aunque a menudo se normaliza o se ve como «un rasgo de personalidad», la baja autoestima es algo que se construye y que, por tanto, puede trabajarse.
Señales de que puedes tener una autoestima baja
Dificultad para reconocer los propios logros o tendencia a atribuirlos a la suerte o a los demás.
Comparación constante con otras personas, casi siempre desfavorable para uno mismo.
Miedo excesivo al rechazo o a la desaprobación, que condiciona decisiones importantes.
Dificultad para poner límites o para decir que no por miedo a decepcionar.
Autocrítica muy severa ante los errores, que contrasta con la comprensión que se tiene hacia los demás.
Sensación de ser un fraude: tener éxito y no sentirse merecedor de él (síndrome del impostor).
Evitar situaciones donde uno pueda quedar expuesto o ser evaluado.
Dependencia de la aprobación externa para sentirse bien.
¿De dónde viene la baja autoestima?
La autoestima no se construye de golpe: se forma a lo largo de años, a través de las experiencias con las figuras de apego, el entorno familiar, el grupo de iguales y las situaciones vitales significativas.
La infancia y las figuras de apego
Los mensajes que recibimos en la infancia sobre quiénes somos y cuánto valemos dejan una huella profunda. Entornos familiares donde la crítica era frecuente y el reconocimiento escaso, donde el amor era condicional al rendimiento, o donde había comparaciones constantes con hermanos o compañeros, pueden generar una base de autoestima frágil que persiste en la edad adulta.
Las experiencias de rechazo o fracaso
Situaciones de acoso escolar, fracaso en proyectos importantes, rupturas dolorosas o cualquier experiencia donde la persona se sintió profundamente rechazada o inadecuada pueden generar o reforzar creencias negativas sobre uno mismo que con el tiempo se vuelven parte de la narrativa de identidad.
Los modelos culturales
Los estándares de éxito, belleza, rendimiento y productividad que transmite la cultura en que vivimos contribuyen a una autoestima colectivamente frágil. Las redes sociales, con su escenografía de vidas perfectas, amplifican este efecto.
¿Cómo se trabaja la autoestima en terapia?
El trabajo sobre la autoestima en psicoterapia no consiste en convencer a la persona de que «es genial». Consiste en explorar el origen de las creencias negativas, cuestionar su validez con evidencia real y construir una relación más justa y compasiva con uno mismo.
Esto incluye trabajar el autodiálogo (esa voz interior crítica), identificar los patrones de comportamiento que refuerzan la baja autoestima (como la evitación o la búsqueda compulsiva de aprobación) e introducir nuevas formas de relacionarse con los errores, las limitaciones y los logros.
En muchos casos, también implica explorar las experiencias del pasado que están en el origen de esas creencias, especialmente cuando tienen raíces en situaciones de la infancia o en experiencias traumáticas.
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